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Originalmente ελευθερία es la palabra griega que significa que puedes ir donde tú quieras. Es una palabra compuesta de ελεύθω (venir) y ερώ (amo, quiero). Por tanto y dicho literalmente sería algo así como; “quiero venir”, o “amo venir”. En su etimología es una expresión de movimiento sin restricción a la voluntad del individuo.


Hoy en día es una palabra muy oída, dicha de forma continua, muchas veces deseada, otras muchas muy incomprendida y malamente utilizada al punto que ha sido violada y abusada.


Una frase famosa del filósofo francés Jean-Paul Sartre dice que “el hombre está condenado a ser libre”. Sartre fue un filósofo existencialista y ateo, por lo que ve la libertad del hombre como una causal inherente al ser humano sin intervención alguna más que la del propio individuo. Esta conceptualización no queda muy lejos de la idea teológica de la incersión de unos derechos inherentes del ser humano desde la creación o desde la concepción misma. Ambas ideas ven la Libertad como algo que no puede ser quitado por nadie, ni puede ser entregada por el individuo (condenado?).


Somos libres de escoger nuestras propias decisiones pero no la consecuencia de nuestras acciones. El Apóstol Pablo a los Gálatas se lo recuerda con una imagen de un sembrador cuando “todo lo que sembrare, eso también cosechará.” (Galatas 6:7). Otros quizás dirían que somos esclavos de nuestras propias palabras. Razón por la cual Jesús dijo que lo que contamina al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella (Mateo 15:11).


Viendo la Libertad desde este punto, más que una virtud es una responsabilidad que debemos acatar por nosotros mismos. Ser irresponsable es contrario a nuestra propia libertad, pues las consecuencias de nuestra irresponsabilidad será sobre el irresponsable. Por tanto, soy libre tanto y cuán responsable sea al cuidar mi libertad através de mis acciones, mis pensamientos, mis palabras.


Si tomamos este concepto desde micro individualista trasladándolo al macro de la comunidad o como sociedad, la libertad de los pueblos no dependen de agentes externos, sino agentes internos que pueden fortalecer o destruir la libertad de los pueblos. Cada elemento de la sociedad tiene una responsabilidad con la sociedad misma. La conducta antisocial, el crimen, la corrupción etc. son conductas que coartan el buen funcionamiento de la sociedad al desestabilizar el bien común que representa la libertad.


Por otra parte la diversidad de pensamientos, de ideas, las diferencias de colores, de experiencias son un collage que caracteriza lo que significa una sociedad libre. Es necesaria la libertad de pensamiento, libertad de religión, libertad de conciencia unidas por un bien común indivisible y en justicia para todos. Cuando las ideas se convierten en pequeños campos de batalla, donde se busca más el placer personal sobre la aceptación y la tolerancia del otro, se rompe la armonía que caracteriza la libertad. Se priva además la libertad de expresión mientras exista aquel que no se atreve a decir lo que siente por temor a ser censurado.


Una de las frases famosas de Ayn Rand dice: “La minoría más pequeña en la tierra es el individuo, los que niegan los derechos individuales no pueden pretender ser defensores de las minorías.” Por tanto, es este mismo individuo el que construye junto a su semejante una comunidad con una libertad basada en el respeto mutuo, la tolerancia y la aceptación.


Es preocupante cuando el gobierno requiere que el individuo ceda parte de su libertad a cambio de cierta seguridad, pues de ser así al final no tendríamos ni una, ni la otra. Es responsabilidad del gobierno el proveer la seguridad y las garantías necesarias para proteger y mantener las libertades de cada individuo.


El uso de la palabra puede tener varios propósitos, desde enseñar o convencer hasta engañar y pervertir. Es por eso que muchas veces vemos un mal uso de la palabra “libertad” cuando muchos piensan que libertad es poder hacer lo que le venga en gana sin importarle los demás. Puede ser porque se piensa como el más fuerte, o porque su posición económica así se lo permite. A nivel de gobierno esta mentalidad se convierte en anarquía, en una tiranía protegida por un núcleo partidista. Peor aún cuando se sienten protegidos por el apoyo de las élites económicas y de grandes corporaciones que son los que mueven los hilos que controlan a estos títeres.


Estos son los que hablan de tolerancia mientras sea de acuerdo a sus intereses, pero sofocan al pueblo y censuran las voces disidentes. Estos son los que retuercen la libertad cuando la respuesta a una emergencia la hacen ver cómo una “guerra” contra un enemigo fantasma. Es así como nos hemos visto envueltos en guerras sin sentido con el único fin de exportar e imponer nuestro sistema de gobierno en otras jurisdicciones. Por que “es por el bien de la libertad y la democracia”, dicen… Esta política intervencionista ha costado millones de dólares al erario público y millones de vidas inocentes dejadas en el olvido.


Los discursos llenos de frases copiadas, tergiversadas para provocar emociones en el pueblo sin tiempo para pensar las consecuencias de los actos. Siguen teniendo Libertad de decir lo que quieran, pero con ello arrastran consigo al pueblo tras la condena por sus acciones. Usar la palabra para incitar las emociones es una actitud bárbara e inculta que solo crea divisiones, rencillas sin sentido, luchas de clases que solo alimentan a aquel que las incita.


Nuestra nación a pasado por muchas divisiones y guerras, pero hemos podido salir de ellas con una nueva mentalidad, actitud y nuevas políticas para proteger los derechos y libertades del individuo. Bajo la creencia firme de que todos compartimos unas verdades evidentes y absolutas; “… que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad, y la búsqueda de la felicidad…” (fragmento de la Declaración de Independencia de los EUA).